Alicia H. Puleo
Cátedra de Estudios de Género
Universidad de Valladolid
Género, sexualidad y poder mantienen estrechas y a menudo oscuras
relaciones. Un ejemplo de ello es la contraposición, en los medios
intelectuales y periodísticos franceses, de una caricatura de la feminista
anglosajona "puritana y represora", y de una francesa "liberada" que conoce
las artes de la seducción heterosexual. Estas imágenes son utilizadas como
armas retóricas contra las reivindicaciones de igualdad de las mujeres2.
Conviene observar, asimismo, la proliferación de la mujer fatal en los
Conviene observar, asimismo, la proliferación de la mujer fatal en los
anuncios publicitarios de Occidente. Se trata de una renovación de esta
vieja imagen, ahora cibernética y adolescente. Ser perversa es la nueva
propuesta del patriarcado a las jóvenes rebeldes3. Parece, pues,
pertinente, volver a examinar las conceptualizaciones de mujer, sexualidad y
mal.
En una defensa de las mujeres ya muy lejana, el filósofo renacentista
Agrippa Von Nettesheim acumuló argumentos frente a la maligna Eva siempre
recordada por los tratados misóginos de su época: las mujeres son más
castas y más benevolentes, los crímenes y las guerras suelen ser propios de
los varones, etc 4. Su interés no fue únicamente teórico. Mago y astrólogo
de los príncipes europeos del siglo XV, salvó de la hoguera inquisitorial a
una campesina acusada de brujería. Dos siglos y medio más tarde, apagados
ya los fuegos del Santo Oficio, todavía habría tenido, sin embargo, que
continuar batallando contra una nueva identificación de Mujer y Mal. A
finales del siglo XIX, la misoginia recupera su máxima virulencia pero,
esta vez, su discurso ya no es religioso. En una sociedad crecientemente
secularizada, la ciencia asume el relevo y presta su apoyo al prejuicio
sexista. Se produce una vez más, entonces, lo que ya denunciara el
cartesiano Poulain de la Barre en el siglo XVII: "Lo que confirma al vulgo
en las ideas que tiene sobre las mujeres es que se ve apoyado por la
convicción de los sabios. (...) Al ver que los Poetas, los Oradores, los
Historiadores y los Filósofos declaran también que las mujeres son
inferiores a los hombres, menos nobles y menos perfectas, (la gente común)
se persuade aún más (de ello) porque ignora que su saber consiste en el
mismo prejuicio que el suyo, sólo que más amplio y distinguido"5.
En las últimas décadas del siglo XIX y a principios del XX, el arte y
En las últimas décadas del siglo XIX y a principios del XX, el arte y
la literatura multiplican las representaciones de la perversidad de la
Mujer. Una sexualidad femenina amenazante se insinúa en la pintura, la
escultura, la novela y la poesía. Las flores del mal baudelaireanas se
abren y proliferan en la cultura de la época. Las Ménades y Salomé pueblan
la fantasía de los artistas, los intelectuales y su público. La Mujer es
representada una y mil veces como fuerza ciega de la Naturaleza, realidad
seductora pero indiferenciada, ninfa insaciable, virgen equívoca,
prostituta que vampiriza a los hombres, belleza reptiliana, primitiva y
fatal. Hoy, con el predominio de la pintura no figurativa este fenómeno
pervive en la publicidad y en producciones cinematográficas, a menudo
destinadas al consumo de masas.
¿A qué se debe esta asombrosa proliferación de representaciones de la
amenazante sexualidad femenina?
Distintas respuestas han sido dadas a este interrogante. Bram
Dijkstra, en un documentado estudio sobre el arte de fin de siglo6, se
muestra convencido de que se trató de una "guerra contra la mujer", guerra
suscitada por la imposibilidad de que ésta se plegara completamente al
ideal de "angel del hogar" de la primera mitad del XIX. Además de
constituir una fuente de excitación y placer masculinos, estas imágenes
serían un aviso de los peligros que, supuestamente, amenazan al varón
decimonónico occidental: "razas inferiores", "clases inferiores" y mujeres
son percibidas como naturaleza primitiva capaz de destruir la civilización.
La particular aplicación de la teoría de la evolución al análisis de
fenómenos tales como el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado
_darwinismo social_ conduce a esta amalgama en la que el oprimido adquiere
perfiles bestiales y demoníacos. Sexismo, clasismo y racismo coinciden en
la adjudicación de los mismos rasgos al individuo sometido: animalidad y
sensualidad portadoras del caos.
Para Dijkstra, se trata de un claro mecanismo de dominación que posee
dos funciones: justifica la discriminación y explotación practicadas sobre
ciertos grupos y canaliza sobre fáciles chivos expiatorios la ansiedad y
frustración generadas por las transformaciones capitalistas. La misoginia y
el odio al judío estarán, así, estrechamente unidos en este período que
anuncia el genocidio posterior.
Existe otra interpretación del curioso fenómeno finisecular de
representación obsesiva de un inquietante erotismo femenino. Diego Romero
de Solís se inclina por considerar que se trataría del descubrimiento
fascinado de la sexualidad femenina, unido al ancestral temor que el hombre
siente por la Mujer, miedo producido por la estrecha relación de la mujer
con los procesos de la vida y la muerte. La Mujer emerge como secreto
largamente ocultado, como fuerza dionisíaca deseada y temida al mismo
tiempo. De esta forma, "la sexualidad de la mujer irrumpe en el final de
siglo como un proyecto de liberación" 7, y "ahora, en nuestro propio final
de siglo, se proclama su triunfo y la promesa de un futuro esencialmente
femenino, con una nueva transformación de los valores, con una nueva
utopía". La proliferación de imágenes de la sexualidad femenina amenazante
marcaría el comienzo del fin de una larga historia de represión del placer
sexual y, en especial del goce femenino.
Si la hipótesis de B. Dijkstra se enmarca en los análisis feministas
iniciados por Kate Millet con su Política sexual8 de 1970, la de D. Romero de
Solís puede ser relacionada con las teorías de Jung, con algunas
manifestaciones surrealistas y con la crítica a la Modernidad realizada por
la Escuela de Frankfurt. Se perciben filiaciones junguianas en la
afirmación de que el miedo a la mujer latente en el inconsciente colectivo
masculino generaría la política sexista. En cuanto al surrealismo,
recordemos que André Breton anunciaba en Arcano 17 el fin del dominio
masculino y el advenimiento de una sociedad futura encarnada, por el
momento, en la Femme-enfant y sus poderes intuitivos, en el cuerpo sensual
que vence al destructor y corrupto racionalismo de la Modernidad.
Finalmente, observemos, en lo que se refiere a la filiación frankfurtiana,
que en su célebre Dialéctica de la Ilustración, Horkheimer y Adorno
denunciaban el proceso histórico de represión de la Naturaleza interna y
externa masculina llevada a cabo por la razón occidental junto con la
opresión de las mujeres.
Intentaré aportar algunas breves consideraciones que me inclinan a no
compartir la visión optimista de D. Romero de Solís. Lo haré, no ya desde
la estética y la Historia del Arte, sino desde el estudio de la
conceptualización de la mujer y la sexualidad en algunos filósofos
contemporáneos que trataron especialmente el tema.
Caracterización ontológica de la sexualidad como el Mal
¿Curiosamente?, la sexualidad no ha sido un tema excesivamente
transitado por la Filosofía. En la Antigüedad, podemos citar El Banquete de
Platón. Pero, como señala Michel Foucault en Historia de la sexualidad9, para
los griegos, la sexualidad era sólo un aspecto entre otros muchos de la
vida del hombre. Los tratados de Dietética incluían entre sus consejos para
una vida sana y equilibrada los referidos a la práctica de los afrodisia
(actos que procuran el placer sexual). Hasta la llegada del cristianismo,
la noción de pecado es ajena al erotismo. Sólo se recomendaba la mesura
(sophrosune), tal como se hacía con los placeres de la buena mesa. El deseo
sexual no era aún la "verdad del sujeto".
Con la filosofía contemporánea, la sexualidad es elevada a fundamento
ontológico. Los diálogos porno-filosófico-políticos del tocador sadiano son
el primer signo inequívoco de esta transformación total en la valoración
del deseo erótico10. La crisis del optimismo racionalista se halla ligada a
este ascenso de la sexualidad en las preocupaciones filosóficas. La razón
desespera en su búsqueda de un sentido trascendente. El hombre se descubre
abandonado en un mundo caótico, sometido a las leyes de la Naturaleza y
albergando en el interior de su propio ser un núcleo irreductible de
Naturaleza.
Con el pesimismo de Schopenhauer y de su discípulo Edward Von
Hartmann, la sexualidad se transforma en revelación de la Voluntad de Vivir
o Uno-Inconsciente. La esencia de la realidad, generalmente oculta tras la
apariencia nouménica o velo de Maya, es una fuerza ciega _Voluntad_. Esta
energía constituye la sustancia de todo cuanto existe. Es la esencia del
Universo y la descubrimos a través de la introspección. Se manifiesta en
toda su salvaje obstinación en el acto sexual. Dado que la vida es
concebida como una tragedia (el final es siempre la muerte y el dolor y el
hastío predominan sobre los breves momentos de placer), el acto sexual es
una traición de los amantes al hijo que vendrá. Implica la continuidad de
la cadena de la vida, es decir, del dolor. Puesto que la Vida es el Mal, la
sexualidad es el Mal que impide el final del sufrimiento. En el suplemento
a El Mundo como Voluntad y representación, titulado "Metafísica de la
sexualidad", Schopenhauer afirma que las mujeres son la trampa que la
especie pone al individuo para reproducirse. Sin menoscabo del gran valor
del conjunto de la filosofía schopenhaueriana, puede decirse que la
popularidad que adquirió su obra se debió, en una parte no desdeñable, a su
conceptualización de la mujer y la sexualidad. Tras la joven seductora se
esconde una madre que, inconscientemente, contribuirá a la cadena del dolor
con nuevas víctimas. El acto ético será, pues, el ascetismo.
A idéntica conclusión llega, a principios del siglo XX, Otto
Weininger en su obra Sexo y carácter (1902). Las mujeres son la sexualidad
misma y deben, como el abyecto y femenino judío, desaparecer. Por ellas
existe el falo, es decir, el deseo masculino que precipita a los hombres al
abismo de la animalidad. Judío él mismo, y coherente con sus teorías _rasgo
meritorio y muy difícil de encontrar_, Weininger se suicidó pocos meses
después de la publicación de este libro tan admirado por la intelectualidad
europea y americana (en Austria se han hecho más de cincuenta ediciones).
Pero no siempre la identificación de sexualidad y Mal conduce a la
propuesta de un ascetismo liberador. Uno de los teóricos del erotismo más
reconocidos, Georges Bataille, parte, justamente, de una aceptación de la
sexualidad como Mal para _en clave nietzscheana_ proponer una "transgresión
soberana" como superación de los límites de la sociedad burguesa. Es
imposible resumir en estas pocas líneas la complejidad del pensamiento de
Bataille sobre este tema11. Simplemente, me interesa destacar aquí que,
recuperando las tesis del marqués de Sade, Bataille plantea la necesidad de
asumir el Mal para recuperar la vivencia de la soberanía, experiencia
perdida en un mundo de razón instrumental capitalista e igualdad
democrática ante la ley. El erotismo sado-masoquista constituye, de esta
manera, un sustituto ritual del impulso ontológico de negación del Otro, es
decir, del crimen prohibido por la sociedad. El acto sexual es asimilado a
la violación, a la negación de los límites que configuran la identidad del
objeto de deseo. El Mal es, entonces, liberador, y otorga al hombre la
animalidad sagrada o rango de "naturaleza transfigurada", que no es simple
inmediatez natural sino asunción consciente de la energía instintiva
reprimida por las normas culturales. Dado que, por lo general, el respeto
de los derechos individuales impide la utilización de las personas como
medios, es necesario que exista un grupo especial hacia el que pueda
canalizarse el deseo destructivo. Este grupo es el de las prostitutas,
objeto paradigmático del deseo masculino que permite que el varón acceda a
la experiencia de la liberación con respecto a las miserias cotidianas del
mundo de la necesidad. La prostituta es el objeto del erotismo. Su cuerpo
semi-desnudo evoca tanto el horror de la Naturaleza viscosa en donde se
gesta la vida y la muerte como, en las pocas prendas que la cubren, el
vestigio de la civilización y de sus prohibiciones transgredidas. El objeto
de deseo del erotismo es esta naturaleza "maldita".
La sexualidad como Naturaleza buena
Si los herederos de Hobbes enfatizaban la negatividad del deseo
erótico, los de Rousseau insistirán en su bondad. Wilhem Reich puede ser
considerado el máximo exponente de esta conceptualización de la
sexualidad. La ruptura de Reich con Freud se consumó cuando este último
llegó al convencimiento de la existencia de una pulsión de agresión. Para
Reich, sadismo y masoquismo son fruto de deformaciones libidinales
inducidas por la sociedad. El plano profundo de la estructura psíquica
esconde la sociabilidad y sexualidad naturales así como la capacidad de
placer y amor. El inconsciente freudiano (agresividad, sadismo, perversión,
etc.) sólo es un plano medio producido por la represión. La potencia
liberadora del orgasmo es, según Reich, capaz de disolver la
superestructura caracterológica de autodominio y sociabilidad artificial
que funciona como máscara encubridora de la agresividad. La liberación
sexual conduce a la revolución política. En 1951, Reich supera
definitivamente el campo psicológico y terapéutico para lanzarse a la
especulación metafísica: afirma haber descubierto "la materia primordial"
constitutiva de la totalidad de los entes. Es la energía sexual u "orgón".
En una teoría que deja entrever cierto parentesco con el idealismo alemán,
sostiene que esta energía cósmica tomó poco a poco conciencia de sí,
perdiendo su espontaneidad emocional y sepultando las fuerzas biológicas
libres del matriarcado originario bajo la estructura caracterológica
represora patriarcal.
Influido por Reich y en la línea del agudo análisis de la dialéctica
de la Ilustración de Adorno y Horkheimer, Marcuse ve en las mujeres a las
representantes de Eros, al nuevo sujeto revolucionario, esperanza de la
humanidad. En una conferencia pronunciada en 1974, en plena efervescencia
de la segunda ola del feminismo, el filósofo previene a las mujeres sobre
las influencias nefastas del abandono de las cualidades femeninas y la
adopción acrítica de la razón instrumental propia del patriarcado. La
Mujer, vinculada históricamente a la Naturaleza, es la única capaz de
reconciliar al Hombre con ésta, en un mundo vaciado de sentido. Por ello,
el colectivo femenino debe mantenerse deliberadamente alejado del poder. En
su particular versión de la teoría hegeliana del progreso de la humanidad,
el patriarcado y la represión de la sexualidad son el necesario momento de
la negación previo a un futuro de sublimación no represiva y abolición del
sometimiento de las mujeres. Como para el padre del surrealismo, el futuro
será femenino y permitirá "el retorno de lo reprimido".
Mediadoras hacia el Bien y hacia el Mal
Vemos, pues, que la proliferación de inquietantes imágenes de la
sexualidad femenina desde finales del siglo XIX tiene un correlato en el
incremento del interés filosófico por el tema.
No considero que la línea tanática de interpretación de la sexualidad
esconda un impulso liberador o sea producto de un temor ancestral hacia los
estratos en que la Vida muestra su complicidad con la muerte. La sexualidad
amenazante femenina de las representaciones artísticas y de las teorías
filosóficas surge como reacción a las primeras reivindicaciones feministas.
Pero éstas son peticiones de igualdad político-social y no una explosión
dionisíaca de los instintos. No es una casualidad si, junto con la
aparición del paradigma de igualdad de las democracias modernas, se
popularizan las teorías de los médicos-filósofos sobre la completa
dependencia del cerebro femenino a las exigencias reproductivas. La misión
de madre excluirá de la ciudadanía y del acceso a los estudios superiores.
Estas teorías, originadas a mediados del siglo XVIII, en plena Ilustración,
desarrolladas durante el XIX y continuadas en la doctrina de la envidia del
pene freudiana, tenían una función claramente discriminatoria. Las teorías
de la inferioridad femenina de Schopenhauer no se deben, como a veces suele
suponerse, a que el pobre filósofo no conocía mujeres inteligentes y
cultas. Muy por el contrario, un mínimo conocimiento de su biografía nos
muestra que constituyen el rechazo a la figura de la ilustrada, figura
encarnada por su propia madre, escritora de renombre que presidía un salón
literario al que asistía el mismo Goethe12. Las extremas manifestaciones de
misoginia de O. Weininger coinciden con un momento cúspide del sufragismo,
movimiento que este autor consideró promovido por individuos intersexuales,
mujeres viriles que, con su iniciativa masculina, arrastraban al activismo
a otras mujeres normales. Una lograda plasmación literaria de esta
explicación biologicista del sufragismo es la novela Las bostonianas de Henry
James. La prostituta como Naturaleza maldita imprescindible para el
sentimiento de soberanía masculino es el contramodelo de la mujer que, en
el siglo XX, comienza a acceder a profesiones y empleos, y con ello, según
Bataille, pierde la sensualidad, masculinizándose.
Si, según una interpretación de corte psicoanalítico, el miedo a la
mujer genera la política sexista, por el contrario, desde una lectura
vinculada a las teorías de la colonización, es la política sexista la que
genera el miedo al oprimido. El indígena, la Mujer, el animal son
demonizados para que su dominación aparezca como legítima. La peligrosidad
del oprimido justifica, así, el control y/o la eliminación. Este proceso o
se produce a nivel consciente sino que constituye el fondo de convicciones
de una sociedad colonialista, sexista o exageradamente antropocéntrica.
Las peculiaridades del Otro, naturales (menstruación interpretada
como impureza, por ejemplo) o construidas en el proceso de dominación
(hipocresía y superficialidad de las mujeres, etc.) son ontologizadas y
convertidas en pruebas de la inferioridad y peligrosidad del sometido. La
perversa mujer insaciable es una creación masculina que justifica la
opresión y el control. Recordemos, como caso paradigmático, que las
amputaciones sexuales rituales (excisión e infibulación) que sufren, según
datos de la OMS, más de cien millones de mujeres en el mundo, son
justificadas por el carácter lascivo e inagotable de la sexualidad femenina
natural.
La segunda figura de la Otredad femenina o sexualidad natural
positivamente connotada no contiene la misoginia de la primera. Podría, más
bien, ser la continuación contemporánea del discurso de la excelencia de
las mujeres del bienintencionado Agrippa de Nettesheim. Las teorías que la
sustentan contienen interesantes análisis de la constitución de la
masculinidad como razón instrumental y están animadas por ese soplo de
solidaridad transformadora que les ha valido la adhesión de un cierto
número de pensadoras feministas. Sin embargo, en su exaltación del retorno
de lo reprimido, también vincula a las mujeres con una naturaleza pulsional
primitiva, aunque, esta vez, se preconice su recuperación y se ensalcen sus
virtudes. Como señala Cèlia Amorós13 , en la búsqueda de un nuevo sujeto
revolucionario, se apela, así, a un realismo de los universales. Las
mujeres en toda su variedad de individuos son transformadas en la Mujer con
cualidades esenciales redentoras. Una de las características de la
constitución del Otro en tanto lo Otro de lo Uno _sujeto que enuncia_ es,
justamente, negarle la individualidad.
Así, resulta interesante observar que en las diferentes teorías
examinadas existe una constante reificación de las cualidades atribuídas a
las mujeres. Predomina la identificación de la mujer con la Naturaleza y la
sexualidad, en unos casos condenada, en otros ensalzada. Mujer y sexualidad
son concebidas como mediación hacia la servidumbre o hacia la libertad del
individuo. Esto no debe asombrarnos. La función mediadora de la figura
femenina es muy antigua y durante muchos siglos se articuló en el lenguaje
religioso. Eva, causante de la Caída, representaba la sensualidad seductora
inspirada por la serpiente. María, su contrapartida, era venerada como la
mediadora por excelencia entre la vida terrena y el Dios que aseguraba la
salvación eterna.
Finalmente, desearía hacer una última consideración sobre la
multiplicación de representaciones artísticas y discursos científicos y
filosóficos sobre la sexualidad femenina desde finales del XIX hasta
nuestros días. Si bien es cierto que la revolución sexual ha significado el
reconocimiento del derecho al placer para las mujeres, también, desde la
teoría feminista se ha subrayado el carácter androcéntrico de los nuevos
credos, usos y costumbres. Si Foucault denunciaba el "dispositivo de
sexualidad" de la Modernidad como construcción-control-incitación social de
las identidades sexuales, esta sospecha adquiere aún mucho más fundamento
cuando examinamos el caso del colectivo femenino14 . El sensual (en
ocasiones, pornográfico) modelo femenino post-revolución sexual es también
_como lo era el puritano angel del hogar_ una proyección del deseo
masculino. El discurso filosófico y científico, el arte y, a nivel popular,
los medios de comunicación de masas establecen y normalizan este nuevo
modelo en lo que puede ser considerado una nueva forma de configuración y
control patriarcales del cuerpo y la sexualidad femeninos15.
Esta constatación no significa que debamos rechazar las conquistas de
la revolución sexual y abominar de ella. Implica, simplemente, un
distanciamiento crítico prudente con respecto a una identidad, una imagen y
una sexualidad que ni han sido creadas por las propias mujeres en su praxis
liberadora ni tampoco, a mi juicio, anuncian el fin del patriarcado.
1. Una primera versión de este artículo fue publicada en Daimon. Revista de
Filosofía de la Universidad de Murcia nº14, enero-julio 1997.
2. Ver Joan Scott, "La querelle de las mujeres a finales del siglo XX", en
New Left Review, ed. Akal, Madrid, 2000, pp.97-116.
3. En su último libro, Germaine Greer hace esta misma observación con
respecto a las adolescentes británicas (La mujer completa, ed. Kairós,
Barcelona, 2000, pp.475-490).
4. Von Nettesheim, Agrippa, De l'excellence et de la supériorité de la femme,
Paris, Chez Louis, Libraire, 1801.
5. Poulain de la Barre, Sobre la igualdad de los sexos, en Puleo, Alicia H.,
Figuras del Otro en la Ilustración francesa. Diderot y otros autores, Madrid,
Escuela Libre Editorial, Fundación Once, 1996, pp.149-150.
6. Idolos de perversidad. La imagen de la mujer en la cultura de fin de siglo, trad.
Vicente Campos González, Madrid, Ed. Debate, 1994.
7. Romero de Solís, Diego, "El miedo a la mujer (arte, sexualidad y fin de
siglo)", Daimon. Revista de Filosofía nº14, enero-junio 1997, Universidad de
Murcia, pp.155-166
8. Obra emblemática de lectura siempre imprescindible reeditada por la
colección Feminismos de editorial Cátedra.
9. L'usage des plaisirs y Le souci de soi, vol. II y III de Histoire de la
sexualité, Paris, Gallimard, 1984. Hay traducción castellana en Siglo XXI.
10. Para un agudo análisis del pensamiento sadiano, ver Luisa Posada
1
Kubissa, "Un Gran Reserva francés contra el vino de mesa" rousseauniano" en
el libro de la misma autora titulado Sexo y Esencia. De esencialismos
encubiertos y esencialismos heredados: desde un feminismo nominalista (ed. horas y
Horas, Madrid, 1998).
11. Para un tratamiento crítico extenso de la teoría del erotismo de
Bataille y de la conceptualización de la sexualidad en otros autores, ver
Puleo, Alicia H., Dialéctica de la sexualidad. Género y sexo en la Filosofía
contemporánea, Madrid, Cátedra, 1994.
12. Puleo, A.H., Cómo leer a Schopenhauer, Madrid-Gijón, Júcar, 1991.
13. Hacia una crítica de la razón patriarcal, Barcelona, Anthropos, 1985, p.316.
Ver, de la misma autora, "Presentación (que intenta ser un esbozo del
status questionis)" en Celia Amorós (ed.), Feminismo y Filosofía, ed.
Síntesis, Madrid, 2000.
14. La crítica a la revolución sexual surgió tempranamente en las filas del
feminismo radical. Para una visión actual poco complaciente con la
pornografía y la objetificación sexual, ver MacKinnon, Catharine A., Hacia
una teoría feminista del Estado, trad. Eugenia Martín, Madrid, Cátedra, 1995,
pp.221-273. Ver también Sheyla Jeffreys, La herejía lesbiana. Una perspectiva
feminista de la revolución sexual lesbiana, trad. Heide Braun, Madrid, Cátedra,
1996.
15. Sobre la manipulación consciente y expresa de los guiones y las
imágenes femeninas en la producción cinematográfica y publicitaria
americana de los ochenta, con vistas a crear un modelo que sirviera de
freno a las reivindicaciones feministas de la década anterior, ver Faludi,
Susan, Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna, Anagrama, 1993.
Con respecto a los estereotipos en el arte contemporáneo y la necesidad de
enseñar a descifrarlos como parte de una educación no sexista, ver Alario,
MªTeresa, "La imagen: un espejo distorsionador", en Alario Trigueros, Mª
Teresa, García Colmenares, Carmen (coord.), Persona, género y educación, ed.
Amarú, Salamanca, 1997, pp.87-112.
Alicia Martínez
La verdad es que cada vez nos ponen más tristes las torpezas de los otros; ya una empieza a preguntarse cuándo cesarán las artimañas de los privilegiados, cuándo se aburrirán del dogmatismo varonil de pensar que se tiene la última palabra sobre una materia que ignoran y en la que sin embargo pretenciosamente se erigen como autores de la verdad y, lo que es más peligroso, predicadores de la naturaleza. Ese “metamachismo” se autodefine como feminista porque gasta la saliva y la tinta en la “defensa de los derechos de las mujeres”, una defensa que nunca debe entrar en conflicto con determinados supuestos, como son por ejemplo los “supuestos instintos primitivos”. Así se da, a saber, la violenta coyuntura de defender un pensamiento crítico como es el feminismo, a la vez y en el mismo sentido que se promete no cuestionar nada que supuestamente venga dado por la naturaleza; constituyendo una evidentísima contradicción in términis, como es el caso del “metamachismo” feminista, “naturalmente” de izquierdas, que insiste en hacer de la legalización de la prostitución el baluarte de su lucha.
Por ello, no nos queda más remedio que intentar brevemente desglosar dicha contradicción;
Desde sus orígenes, en la historia del pensamiento y en la historia de los movimientos sociales, el feminismo radical se dedicó a defender los derechos de las mujeres, especificando cada una de las múltiples formas del patriarcado. El feminismo radical de los años sesenta y setenta, el más emblemático, se centró sobre todo en la defensa de los derechos sexuales de las mujeres y para ello definió una vez más el patriarcado como la colonización del cuerpo de las mujeres, pues es la estructura de dominación consistente en imponer a las mujeres una moral reproductiva y sexual. Esta colonización a lo largo de la historia ha tenido dos caras, las dos de la misma moneda; una el matrimonio y otra la prostitución; la propiedad individual de las mujeres, y la propiedad colectiva de las mismas. El calzador para imponernos dichas colonizaciones han sido respectivamente el mito del amor – peligrosa ideología - y el mito del sexo – ideología todavía más peligrosa y violenta. Por fin la izquierda1, después de comulgar con la derecha en asuntos de faldas, decide unirse al desvelamiento de esta dominación para defender la libertad sexual de las mujeres; renuncia y condena la posesión pública y privada de las mujeres, y se proclama abolicionista respecto a la prostitución. El Partido Comunista2 se declara políticamente en contra de la compra de mujeres para su uso sexual, el área federal de la mujer de IU3 exactamente lo mismo, UGT4 lucha abiertamente contra proxenetas y prostituidores, junto a la mayoría de las asociaciones, organizaciones, partidos políticos feministas de este país; todas y todos luchamos por los derechos de las mujeres prostituidas, por los recursos que nos pertenecen históricamente - y de los que todavía se nos priva -, y por el fin de la ficción laboral y sexual de las mujeres.
es bien saludable para la militancia política de cada uno reconocer que todas las medidas sociales, estatales o proteccionistas, en aras de los más desfavorecidos, siempre se han criticado por parte de los tiburones liberales como medidas “paternalistas” ... |
Y así de claro lo hemos tenido desde los tiempos de Solón, cuando a las mujeres casadas se las recluía en el espacio privado, penalizando su acceso al espacio público y político, y a las mujeres públicas – esclavas, prisioneras de guerra, extranjeras o jóvenes sin familia – se las prostituía, mediante lo que fueron las primeras leyes reglamentaristas, en las afueras de la ciudad –el equivalente de nuestros polígonos industriales y carreteras – privándolas igualmente del acceso a la vida pública y política y, aún más, a una vida privada. Todo esto se hizo illo tempore en nombre del pathos de hombres y mujeres, de los derechos y deberes, de la libertad, del bien de la ciudad... Y siempre, siempre, siempre, esgrimiendo los mismos argumentos patriarcales: la naturaleza sexual -de los hombres se entiende, pues antes, ahora y siempre han sido ellos los consumidores de prostitución- y la bendita voluntad de las mujeres prostituidas, con el “derecho”, derivado a posteriori del ejercicio de la prostitución, a hacer con su cuerpo lo que quisieran. Y las posiciones contrarias a este natural voluntarismo patriarcal son consideradas como atentados moralistas contra la naturaleza o como medidas paternalistas contra las voluntades particulares.
Así que, queridos metamachistas feministas, que os erigís en metadefensores de los derechos de las mujeres, no naturalicéis la historia, sino que permitiros como saludable ejercicio crítico el historizar la naturalización de la historia, o de otro modo os veréis muy pronto defendiendo la suerte de los ricos, por su naturaleza trabajadora, y la desgracia de los pobres, por su naturaleza perezosa, y ocultaréis esa sangrienta coyuntura estructural consistente en expropiar de sus medios de producción a más de la mitad del planeta.
De la misma manera, es bien saludable para la militancia política de cada uno reconocer que todas las medidas sociales, estatales o proteccionistas, en aras de los más desfavorecidos, siempre se han criticado por parte de los tiburones liberales como medidas “paternalistas” que coaccionaban la libertad de los pobres para hacer con su vida lo que quisieran, coincidiendo el final del camino de esa libertad, curiosamente, con los planes esclavistas que los defensores de su libertad tenían preparados para ellos.¿ O es que los metamarxistas están tan ocupados defendiendo a las mujeres que se les olvida la diferencia entre la colonización, que aboga por la voluntad de los colonizados a serlo, y la liberación o emancipación, que independientemente de la voluntad de los individuos se atiene, a priori, a la defensa de los derechos humanos?.
Me refiero a ese tipo de cosas, en fin, tan familiares a nuestros oídos cuando, por ejemplo, se habla de Chávez desde este primer mundo tan instintivo: “¡Oh, qué malo Chávez, qué gran demagogo, qué obsesión tiene con los pobres pobres!” “¡Es que no los deja en paz ni un minuto!” “¡Venga a hablar de ellos a todas horas, venga a decidir por ellos, a decir lo que les conviene y lo que no!” “¿Que no quieren alfabetizarse? Pues hala, que se fastidien, todos a la escuela”, “¿Que no quieren organizar sus comunidades, barrios y vecindades? Hala, pues a fastidiarse y a organizar asambleas una tras otra” “¿que no quieren estatalizar sus recursos materiales? ¿Que prefieren repartirlos entre los expropiadores extranjeros? Pues nada, a fastidiarse, a organizarse mejor, a no pasar hambre, a tener salud, a no vender el país, a -en definitiva-, proclamar buenas leyes”.
Las críticas por parte de los pocos y pocas que quieren legalizar la prostitución contra la ley abolicionista son, una vez más, las mismas de siempre: la naturaleza instintiva de los genitales masculinos y la voluntad de las mujeres prostituidas |
Bien, pues estas pataletas -naturales y voluntaristas –son las que se escuchan una y otra vez respecto a la adopción de determinadas leyes que afectan a los derechos de las mujeres. Las críticas por parte de los pocos y pocas que quieren legalizar la prostitución contra la ley abolicionista son, una vez más, las mismas de siempre: la naturaleza instintiva de los genitales masculinos y la voluntad de las mujeres prostituidas. Obviando que puestos a esgrimir como argumento la voluntad de las mujeres prostituidas, el grosso de ellas, a saber, algo así como la verdadera voluntad, sería la ofrecida en los informes de la ONU, que cifra la trata con fines de explotación sexual de mujeres y niñas en cuatro millones al año a nivel mundial, es decir, que la voluntad mayoritaria frente a la minoritaria sería la voluntad secuestrada o lo que es lo mismo la falta de voluntad.
| defender que la causa primera de la existencia de la prostitución es la voluntad de las mujeres prostituidas constituye un cinismo tal, que valga para desmentir tal ignominia el peso de los argumentos y datos |
En realidad defender que la causa primera de la existencia de la prostitución es la voluntad de las mujeres prostituidas constituye un cinismo tal, que valga para desmentir tal ignominia el peso de los argumentos y datos -que imagino deben ser considerados más relevantes que la moral del discurrir genital- ofrecidos en la declaración del último Informe del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas de la Comisión de Derechos Humanos ( 62º Período de sesiones. 20 de Febrero de 2006): Integración de los Derechos Humanos de la Mujer y la Perspectiva de Género que establece el Protocolo para prevenir y reprimir y sancionar la trata de personas. El documento es una evidentísima prueba del compromiso por excluir definitivamente del debate las consideraciones sobre prostitución voluntaria y por superar definitivamente los límites del debate general sobre las bondades y desventajas de la prostitución; este compromiso se materializa en la unívoca definición de trata5:“ La mayor parte de la prostitución, tal y como se practica actualmente en el mundo , suele reunir los requisitos para que pueda ser considerada trata. Es raro dar con un caso en que los motivos que llevan a una persona a la prostitución, y las experiencias de esa persona dentro de la prostitución, no incluyan como mínimo un abuso de poder y/o un abuso de vulnerabilidad. En este contexto, poder y vulnerabilidad deben entenderse también desde la óptica de las disparidades basadas en el sexo, la raza, la etnia y la pobreza. Dicho de otra manera sencilla, el camino que lleva a la prostitución y a ese estilo de vida una vez que se ha caído en ella, raramente se caracterizan por el pleno ejercicio de derechos de las víctimas o la obtención de oportunidades adecuadas”( punto.nº42, del citado Informe. E/CN/.4/2006). El compromiso de las Naciones Unidas es meridiano; restaurar el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949 (punto nº40), en donde al igual que en la actual declaración el consentimiento dado por la víctima de la trata de personas a toda forma de explotación intencional no se tendrá en cuenta6.
| El verdadero compromiso político por tanto es el de elucidar las condiciones estructurales de la prostitución |
“Pocos motivos inducen a pensar que exista en todo el mundo una proporción significativa de las actividades de la prostitución en las que no se empleen uno o varios de los métodos ilegales enumerados por el Protocolo para prevenir y reprimir y sancionar la trata de personas” (punto nº637). “El consumo de servicios sexuales es un acto especialmente marcado por el género: es algo que hacen los hombres “como” hombres. Se trata de una actividad en la que el participante desempeña un papel social que conlleva ciertos modos típicamente masculinos de comportarse, pensar, saber y detentar poder social” (nº64) . “Por definición, la prostitución aúna en una sola interacción dos formas de poder social ( el sexo y el dinero): en ambas esferas (la sexualidad y la economía) el hombre ostenta sobre la mujer un gran poder de forma sistemática. En la prostitución, estas diferencias de poder se funden en un acto que asigna y reafirma a la vez la función social dominante del hombre subordinando socialmente a la mujer”(nº65). “ La definición de trata que figura en el Protocolo rechaza de manera implícita los términos “trabajo sexual”, “trabajador del sexo” y “clientes”. Por consiguiente, la Relatora Especial empleará los términos “prostitución” y “usuarios de la prostitución”. (nº47) “El Protocolo define la trata desde una perspectiva extremadamente amplia que engloba probablemente todas las manifestaciones actuales de la prostitución. Los términos “trabajo sexual”, “trabajador del sexo” “cliente” sugieren de manera equivocada que la prostitución en su práctica actual no entra por lo general en la categoría de trata.” (nº48)
A los metamachistas feministas defensores de que el discurso moral no se puede llevar al terreno de la intimidad, no les plantea ningún problema, sin embargo, que el discurso mercantil patriarcal sí invada el terreno de la intimidad. En realidad, el análisis exclusivo de la economía de mercado respecto al fenómeno de la prostitución sólo tiene una consecuencia clara: la invisibilización de la vulneración de los derechos humanos: “La trata es ante todo una cuestión de derechos humanos, y no de economía de mercado. Analizar la trata únicamente en términos económicos enmascara inevitablemente su vertiente de derechos humanos. Las herramientas del análisis económico fueron concebidas para explicar y evaluar los mercados en función de su eficiencia, y no están necesariamente concebidas para contribuir al objetivo de proteger la dignidad humana”( nº54) A lo que añadiríamos que la historia, si no insistimos en olvidarnos de ello, ha corroborado suficientemente que los análisis económicos del mercado no sólo no han contribuido a salvaguardar los derechos humanos, sino que han sido ideados mayoritariamente para socavar cualquier derecho humano que humildemente se erija en cualquier rinconcito del planeta. “Por lo tanto, en el presente informe se utilizan con cuidado los conceptos de oferta y demanda referidos a la trata. Al emplear estos conceptos, la Relatora Especial es consciente de las limitaciones del análisis económico e intentará atribuir al término demanda un significado coherente con la perspectiva de derechos humanos desde la que se aborda la trata”. A saber, la intención clara del informe no es otra que la de esclarecer la participación de la demanda en la violación de los derechos humanos, es decir, se trata una vez más de buscar todas las causas, primeras y últimas, de la violación de los derechos humanos de las mujeres, y por supuesto, nunca, absolutamente nunca, cabría resolver el asunto de la demanda incurriendo en la defensa del curso de la naturaleza, del amplísimo y místico mundo de los instintos, y de las costumbres, culturas y hábitos sociales8, pues jamás ,en calidad de tales, han de constituir éstos la materia de una ley.
buscar la anecdótica voluntad de las mujeres prostituidas como causa del fenómeno de la prostitución vulnera toda posibilidad de hacerse cargo políticamente de dicho fenómeno y de las graves consecuencias que supone para el conjunto de las mujeres |
El verdadero compromiso político por tanto es el de elucidar las condiciones estructurales de la prostitución y, a este respecto, el informe declara las siguientes intenciones; “La Relatora Especial hizo suyas las recomendaciones formuladas por Amnistía Internacional y la Liga contra la Esclavitud respecto del proyecto de convención de diciembre de 2004, así como las de la Coalición contra la Trata de Mujeres y el dictamen nº253(2005) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, referidas a la necesidad de reforzar el proyecto de convención de modo que constituya un marco adecuado y eficaz para la protección de los derechos humanos de las víctimas de la trata, y de fortalecer los aspectos de la convención relativos a la demanda de la explotación sexual .”(nº18)
Así pues se establece que “a)Por demanda debe entenderse la relativa a la explotación, con independencia de que esa explotación además constituya trata; b) por demanda debe entenderse la que propicia la explotación, no necesariamente la demanda directa de esa explotación; c) no es necesario que la demanda por sí sola conduzca a la trata; basta con que sea la explotación propiciada por la demanda la que conduzca a ella”(51) .“ En consecuencia, la demanda debe entenderse en su sentido amplio, como todo acto que fomenta cualquier forma de explotación que, a su vez, conduce a la trata”(52) “Propiciar es “apoyar... estimular o ayudar al crecimiento (o) a fomentar el crecimiento de algo. “(53) Y el Informe incide en la demanda de servicios sexuales de la siguiente manera; “ –Si bien mediante la trata se violan de múltiples formas los derechos humanos de las mujeres y las niñas/os, la trata con fines sexuales constituye una modalidad en la que se vulneran los derechos de estas personas precisamente porque son mujeres y niñas/os;- A diferencia de los compradores de productos de consumo fabricados por trabajadores que han sido víctimas de la trata, el usuario de la prostitución crea la demanda y (al acoger a la persona traficada) forma a la vez parte de la cadena de la trata; - al participar en una actividad de sexo comercial, el usuario esta inflingiendo a la víctima de la trata un daño adicional y sustancial equivalente a la violación que trasciende los métodos nocivos empleados por otras personas para lograr la entrada de dicha víctima de la prostitución o su continuidad en ella;- existen buenas razones para creer que muchos usuarios son conscientes de que las mujeres y las niñas y niños prostituidos cuyos servicios utilizan son sometidos a los métodos ilícitos descritos en el Protocolo y que, pese a ello, hay normas culturales extendidas que fomentan el empleo de personas prostituidas;- pocos motivos inducen a pensar que exista en todo el mundo una proporción significativa de las actividades de la prostitución en las que no se empleen uno o varios de los métodos ilegales enumerados en el Protocolo;”(63) “ La demanda de sexo comercial suele además basarse en diferencias de poder social relacionadas con la raza, la nacionalidad, la casta y el color de la piel” ( 66) “Algunos usuarios de la prostitución buscan expresamente mujeres y niñas /os de distintas nacionalidades, razas o grupos étnicos con el fin de explotar estas diferencias de poder y contribuyen así a una forma de racismo enormemente sexualizada mediante la cual siguen el razonamiento de que la explotación sexual no es perjudicial para las mujeres y los niños de distintas razas , nacionalidades o grupos étnicos.”(67)” En un mundo que sigue llevando la impronta de la supremacía de los blancos y del dominio masculino, las mujeres y las niñas que sufren la opresión debido a su raza, nacionalidad, casta o color de piel son especialmente vulnerables a la explotación sexual. Los usuarios de la prostitución suelen aprovecharse de esta vulnerabilidad y al hacerlo, abusan de su propia posición de relativo poder social sobre las víctimas de la trata.”(69) ¿O es que de verdad hay alguien que piense que los hombres prostituidores colapsan la casa de campo porque van a conocer otras culturas en este rico e “igualitario” primer mundo multicultural?
Así reiteramos que buscar la anecdótica voluntad de las mujeres prostituidas como causa del fenómeno de la prostitución vulnera toda posibilidad de hacerse cargo políticamente de dicho fenómeno y de las graves consecuencias que supone para el conjunto de las mujeres: “Como cuestión normativa, es evidente que la responsabilidad de la existencia del mercado de la trata con fines sexuales recae sobre los usuarios, los traficantes, y las condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas, institucionales y culturales que propician la opresión de mujeres y niñas en todo el mundo. Atribuir a las propias víctimas la responsabilidad de ser quienes impulsan el mercado sería una injusticia muy grave; tal afirmación equivale a culpar a las víctimas y constituye una nueva violación de sus derechos humanos”.
El informe concluye señalando la importancia de que la demanda sea considerada un problema tanto mundial como local; mundial porque estimula la trata a nivel internacional vulnerando los derechos fundamentales, pero también a nivel local, pues sucede en nuestras comunidades, pueblos y ciudades.
La obligación política al respecto pasa por tener una única posibilidad legislativa: “En algunos lugares, se ha supuesto erróneamente que en cierta manera dicha perspectiva – la de los derechos humanos – no encaja con el uso del derecho penal para castigar a los usuarios de servicios sexuales. Esta conclusión sólo puede basarse en la premisa de que los varones tienen el derecho humano a utilizar a personas prostituidas. Esa premisa debería rechazarse: los hombres no tienen derecho a usar a estas personas.”(81)
un organismo como las Naciones Unidas no considera en absoluto paternalista la defensa de los derechos humanos y entiende que debe ser la perspectiva que prevalezca en cualquier debate político |
Por suerte para todas, por suerte para las esperanzas políticas que tantas veces se expiran con el respirar violento y agitado del planeta, por suerte para la lucha, un organismo como las Naciones Unidas no considera en absoluto paternalista la defensa de los derechos humanos y entiende que debe ser la perspectiva que prevalezca en cualquier debate político –que se precie de serlo–, y esta perspectiva nos ofrece una única posición legislativa, como señalábamos anteriormente; una ley que abole las condiciones de posibilidad de la prostitución, penalizando la compra de servicios sexuales, eximiendo por completo de responsabilidad a las mujeres prostituidas – ofreciéndoles recursos-, y visibilizando la autoría de prostituidores y proxenetas: “La ley de Suecia que prohíbe la adquisición de servicios sexuales es una manifestación especialmente adecuada contra la demanda que propicia la trata ya que no sólo condena oficialmente el uso de personas prostituidas, sino que lo hace en un contexto que reconoce expresamente que la industria del sexo comercial tiene una naturaleza muy marcada por las diferencias de género: como ocurre con todas las normas, la ley sueca tienen una función normativa. Constituye una manifestación concreta y tangible de la creencia de que en Suecia ni las mujeres ni las niñas y los niños están en venta. Elimina efectivamente el derecho a comprar mujeres y niñas/os para que se prostituyan que los propios varones se han atribuido”(83). “ (...) Así pues, la obligación de desalentar – disuadir: privar de valor, la confianza o la energía moral – la demanda alude directamente al deber del Estado de llevar a cabo un proyecto normativo expreso para condenar la demanda que propicia la trata. Dado que la condena abierta de una conducta nociva constituye una de las funciones centrales del sistema de justicia penal, es lógico que se aliente a los Estados Partes a penalizar el uso de las personas prostituidas.”(89) De la misma manera que explicita la condena de la demanda y de la industria del sexo comercial, exige que no se penalice a las mujeres prostituidas, sino que se las garantice derechos y recursos para la subsistencia, formación y empleo.
Y destierra definitivamente como posibilidad legislativa la legalización del uso de los servicios sexuales de personas prostituidas; “La alternativa a la penalización del empleo de los servicios de personas prostituidas es permitir que esa actividad sea legal o lo siga siendo. Ese enfoque fomenta la demanda que propicia la trata, y por tanto hay que desterrarlo. (...) ; la prostitución legalizada concede a las nuevas generaciones de hombres y niños la autorización moral y social para participar con la conciencia limpia en la explotación de la prostitución. Se dicen : si es legal, debe ser correcto”.(95) “ Se dice a veces que al legalizar la prostitución se aportará a la industria del sexo una transparencia sana, que a su vez propiciará la disminución de la corrupción y los abusos; sin embargo, como se refleja en las repuestas al cuestionario relativas a los países en los que se ha legalizado la prostitución hasta la fecha , el hecho de haber autorizado los burdeles no ha hecho que este sector se vuelva tan transparente como se esperaba y aunque la prostitución esté registrada y bajo control del gobierno, las mujeres viven en condiciones similares a la esclavitud”(98).
En su compromiso de prevenir y abolir la trata, el Informe expone asimismo la consideración de Leyes Extraterritoriales; para juzgar a los prostituidores que practican el turismo sexual, y de la misma manera a las fuerzas de pacificación que demandan servicios sexuales en los lugares de conflicto.
Suecia, el primer país en ratificar el Convenio de 1949 de Naciones Unidas sobre la trata y prostitución de mujeres y niñas, decidió abolir las condiciones que sustentan la prostitución, tras la gran presión política llevada a cabo por las feministas y por los partidos de izquierda, e hizo entrar en vigor la Ley que Prohíbe la Compra de Servicios Sexuales el 1 de enero de 1999. Las consecuencias de esta ley son las siguientes: “ En 1999 se calculaba que unos 125.000 hombres suecos compraban alrededor de 2.500 mujeres prostituidas, una o más veces al año.. Se estima que desde que la ley entró en vigor el número de mujeres prostituidas ha disminuido de 2.500 en 1999, a menos de 1.500 en 2002.El reclutamiento de mujeres prácticamente se ha detenido. Alrededor de 500 mujeres ejerce, una o más veces en el curso de un año, actualmente la prostitución en Suecia ( el número de habitantes en Suecia es de 9 millones de habitantes). (...) el número de prostituidores ha descendido de un 75 a un 80%. ” “Las mujeres y niñas prostituidas son consideradas como víctimas de la violencia de los hombres y no deben ser perseguidas ni penalizadas. Por el contrario, tienen derecho a recibir ayuda para escapar de la prostitución. Los proxenetas, los traficantes y los prostituidores explotan la debilidad de las víctimas debida a la alta tasa de pobreza, de desempleo, a las prácticas laborales discriminatorias, a la desigualdad de género y a la violencia contra las mujeres y las niñas. Desde un nivel estructural, Suecia reconoce que para tener éxito en la campaña contra la explotación sexual, las condiciones políticas, económicas y sociales en las que viven las mujeres y las niñas deben mejorar con la introducción de medidas de desarrollo, como por ejemplo, la reducción de la pobreza, el desarrollo sostenido, medidas que promuevan la igualdad de género y programas sociales que se centren específicamente en las mujeres.” 9
Volviendo al principio de nuestro artículo recordaremos las endebles acusaciones que se llegan a esgrimir contra las medidas abolicionistas. Pero antes, proponemos algo: ¿somos capaces de imaginar a la izquierda acusando, por ejemplo, a Hugo Chávez de “insolidario”? Imaginemos un discurso de este tipo: “porque claro, él montando la Venezuela bolivariana, mejorando las condiciones de vida de su pueblo, estatalizando el petróleo, negando las excursiones norteamericanas a sus barriles, y frenando con leyes la invasión de las corporaciones multinacionales....y sus pobres países vecinos ¿qué? Las multinacionales rastrearán por alrededor buscando carne fresca ¿no? ¡Pero qué malo Chávez, él organizándose en Venezuela, y sin importarle lo que pase en los países vecinos....!”
La verdad que es difícil encontrar este tipo de acusaciones, serían bastante ridículas, además de que obviarían el espíritu internacionalista de cualquier revolución. Sin embargo éste tipo de acusaciones disparatadas son las que se encuentran como último recurso de los metamachistas feministas, naturalmente de izquierdas, respecto de la ley abolicionista aprobada en Suecia: “¡Claro, Suecia con esto lo que consigue es que la trata se derive a los países vecinos, como por ejemplo Finlandia...!”, “¡Pero qué mala Suecia, que con una buena ley, consigue buenos resultados y no se le ocurre que ahora en todos los países en los que no se adopte esa buena ley seguirán funcionando las cosas mal!”. Una lógica muy
hay que recordar que el movimiento que promovió el posicionamiento abolicionista no fue la Socialdemocracia sueca (...) sino que la ley fue aprobada gracias al gran movimiento político feminista, pionero en las primeras décadas del siglo XX en la lucha por la abolición de la prostitución, a nivel nacional y a nivel internacional |
curiosa y muy practicada por los “metamachistas” redentores. Cuando la realidad política es bien distinta, pues hay que recordar que el movimiento que promovió el posicionamiento abolicionista no fue la Socialdemocracia sueca –con su institucionalizado Estado de Bienestar- o el espíritu seco, frío y propio del clima poco soleado sueco, sino que la ley fue aprobada gracias al gran movimiento político feminista, pionero en las primeras décadas del siglo XX en la lucha por la abolición de la prostitución, a nivel nacional y a nivel internacional. Las suecas fueron principales protagonistas en la liberación sexual de los sesenta y setenta, y en las políticas de igualdad en los años ochenta y noventa, así que la abolición de la prostitución al final de los noventa no es más que la consecuencia lógica de un gran movimiento político feminista. Y los corolarios de este movimiento revolucionario son los siguientes: los países vecinos, y no tan vecinos, corroborando las favorables consecuencias de la ley sueca en el combate de la trata con fines de explotación sexual y en comparación con la ineficacia de los Países Bajos, Alemania* o Australia –países donde la prostitución está legalizada– comienzan a plantear el debate abolicionista en sus Parlamentos. Corea del Sur ya tiene una ley abolicionista, y Finlandia recientemente la ha aprobado, Rusia debate para promulgar una ley como la ley Sueca ; en Dinamarca, un país donde la prostitución es tolerada y donde más de 8000 mujeres son prostituidas, se está promoviendo en el Parlamento el debate a favor de la penalización de los prostituidores y la donación de recursos para las mujeres prostituidas y la propuesta es promovida por parte del Consejo de la Mujer , coalición de organizaciones de mujeres más amplia del país. En Estonia, Venezuela, Bolivia, y Suráfrica se está ofreciendo el mismo debate por parte de sus parlamentarias/os, tomando como ejemplo la ley sueca.10
| no nos cansaremos de repetir una y mil veces, que somos libres porque no estamos en venta |
Sí, así están las cosas, y es que nosotras no nos cansaremos de repetir una y mil veces, que somos libres porque no estamos en venta, que nuestra libertad no tiene precio, les guste o no a los metamachistas, seguiremos pecando, pervirtiéndonos y libertinajeando con nuestra libido aunque ellos sigan insistiendo en comprar “nuestros derechos”11.
Para finalizar quisiera traer a colación la reseña de un artículo publicado no hace mucho en Rebelión, en esta misma sección. El artículo se titulaba Carnivorismo salvaje y venía a criticar la práctica alimenticia del común de los salvajes, digo de los humanos, y defendía fervientemente la causa del vegetarianismo, alegando las desventajas, dietéticas y sanitarias, para uno mismo (por lo innecesario e insano del consumo de la carne como causa de la aparición de tumores, colesterol) y las desventajas, éticas, económicas, ecológicas y políticas para los otros (la agresividad, por ejemplo, sobre todo hacia las mujeres en la medida en que la caza en equipo exalta la violencia y relega a las mujeres como consecuencia de la camaradería masculina) y en especial, por supuesto, hacia los propios animales, víctimas directas. Más allá de la defensa de los derechos de los animales, asunto sobre el que sin duda no hemos reflexionado lo suficiente, encontramos otra reflexión, sumidas como nos encontramos en la defensa de los derechos humanos, todavía más interesante. Aceptando que los elementos que participan en ambos fenómenos y sus relaciones son enteramente distintos; asumiendo que en la primera causa se aboga por una privación absoluta del consumo de carne animal mientras que en la que aquí nos ocupa se trataría de la erradicación de un tipo de “relación” comercial entre los sexos que imposibilita cualquier tipo de relación real; admitiendo, pues, que con la abolición de la prostitución no se trataría de renunciar a eso que supuestamente se pone en juego en el fenómeno de la prostitución -“la sexualidad”- sino precisamente de desterrar para siempre de nuestra realidad social el fenómeno que convierte la sexualidad en una ficción, para tantas mujeres infernal, de erradicar los hábitos culturales que se empeñan en violar el derecho de todas y todos a desarrollar, gozar, incidir, repetir, saborear y satisfacer su sexualidad; aceptando todo esto y sin querer establecer una analogía, el debate sobre los derechos de los animales sí nos sugirió una reflexión, porque a fin de cuentas el artículo lo que venía a proponer era que la izquierda no debería nunca dejar de cuestionar las costumbres y hábitos, por más que las leyes de la naturaleza nos lleven una y otra vez a las mismas costumbres y a los mismos hábitos. El artículo -me permito traer a colación su conclusión- finalizaba así: “¿Por qué, entonces, solo una pequeña parte de la izquierda defiende la causa del vegetarianismo? Porque los hábitos ligados a nuestras pulsiones más básicas ( y el hambre es la primera) se consideran “naturales”, y son, por tanto , difícilmente asequibles a la reflexión, al asalto dialéctico de la razón. Y así, el arquetipo del macho armado, ora cazador, ora guerrero, sigue presidiendo nuestra salvaje cultura patriarcal, nuestra despiadada sociedad competitiva, depredadora, carnívora”
Me parecía una reflexión muy, pero que muy pertinente, y muy valiente, que invita a abandonar lo que tenemos por “natural” y someterlo a un juicio crítico. Como hemos expuesto anteriormente en la trascripción del Informe de las Naciones Unidas la prostitución es un hábito cultural considerado natural por la mayoría de los hombres, y si existe una sola posibilidad de que la izquierda varonil, patriarcal y carnívora, se cuestione una práctica tan ancestral como el consumo de carne animal, ni que decir tiene la de posibilidades que habrá para que se plantee de una vez y para siempre la compra de cuerpos de mujeres y niñas para su uso sexual. Es decir, si por fin acogemos el espíritu crítico frente a lo culturalmente dado, qué duda cabe que lo primero en cuestionarnos debe ser la rentabilísima “industria de la carne”, como se denomina sin eufemismos a la “industria del sexo” en los círculos feministas radicales, esos círculos de los que tanto, por lo visto, les gusta presumir, como asiduos, a los metamachistas feministas12. Y esto por no hablar de las secuelas dañinas de la protitución, tantas veces enumeradas, tanto para el que la consume, que termina por no distinguir entre lo que le pertenece y lo que no le pertenece, entre lo que es real y lo que no es real, entre los derechos y los abusos, como para las mujeres prostituidas: los riesgos para la salud –desgarramiento de vagina, de ano, con hemorragias mortales, roturas de pelvis, infección de Sida-, y los severos perjuicios psicológicos –tal y como señalan estudios internacionales–, similares a los que sufren los/las supervivientes de tortura y que se presentan con síntomas tales como flahsbacks, ansiedad, depresión, problemas de sueño y estrés, por no hablar de la frecuencia de los suicidios o tentativas de suicidio. En el caso de las mujeres prostituidas y sin necesidad de insistir en las secuelas físicas y psicológicas, debería bastar con invocar, como hemos expuesto anteriormente, la vulneración sistemática de los derechos humanos.
Así pues no es difícil hacer la conversión en lo que nos ocupa, y agradecer al autor del artículo su indirecta colaboración: “¿ por qué entonces todavía hay parte de la izquierda que se resiste a la causa “abolicionista”, a “no comprar carne humana para su uso sexual”? Porque los hábitos ligados a nuestras pulsiones más básicas (“ y el sexo es una de ellas”) se consideran “naturales”, y son, por tanto , difícilmente asequibles a la reflexión, al asalto dialéctico de la razón. Y así, el arquetipo del macho armado, ora cazador, ora guerrero, sigue presidiendo nuestra salvaje cultura patriarcal, nuestra despiadada sociedad competitiva, depredadora, carnívora y”prostituidoral””.
Ahora bien, nuestra militancia no nos deja más remedio que añadir algo, aún a riesgo de desengañar una vez más a los metamachistas feministas naturalmente de izquierdas, pues éstos insisten en afirmar que hay una única/doble militancia; defienden que el feminismo y el socialismo vienen a ser la misma cosa. Hemos de aclarar que, sintiéndolo por sus ensoñaciones paternales, el feminismo es históricamente anterior al socialismo, y esto lo afirmamos sin ninguna intención de disminuir la importancia histórica de éste; con el ánimo solamente de recordar que antes de que hubiera un sistema capitalista instalado en todo lo que conocemos y nos rodea como sistema socioeconómico, hubo y hay, un sistema socioeconómico tan antiguo como el neolítico13, y éste no es otro que el sistema patriarcal existente en la tierra desde que los varones se intercambian mujeres entre sí- independientemente de que los varones coman mamuts o “tofu”- y es desde entonces, desde que el sistema prostitucional se configura como relación socioeconómica, como bien y mal cuenta Lévi-Strauss, es desde entonces que hay cultura y no sólo naturaleza; sí, una cultura enteramente patriarcal y prostituidora, en todas sus versiones posibles – la más moderna es esta prostitución industrializada que obliga, con todas sus letras, a viajar a las mujeres a la velocidad de la luz allí donde haya una demanda patriarcal.
Y es desde entonces, desde siempre, que las mujeres luchamos por nuestra libertad, y es desde entonces, desde siempre que el feminismo es la lucha por la libertad.
¿Por qué?
Dios, regálame un cachito de atención en este último jueves de mayo con lluvia por un tubo y siete llaves. Dios o ¿Diosa? pues te exhiben en falda, estoy inquieta. Casi estresada como dicen las muchachas finas. La angustia me brotó en la espinillita empolvada para no espantar al marido mientras me ama.
Anda, contesta, ¿por qué me hiciste mujer? ¿por qué me obligas a usar panties? No entiendo. Si me dedicas par de días al año y orquestas una legión de aduladores a “la belleza femenina” ¿por qué me condenas a valer por mis curvas y el tamaño de mis pezones? Si eres un Dios de amor y justicia ¿por qué no condenas a quienes me retratan la nalga al lado de cervezas, llantas y lubricantes?
Me salió otra cana. Estoy desconcertada. ¿Cómo es que tres muchachos se matan en Loft y el primer titular decreta que fue por un piropo a una mujer? ¿Entonces somos culpables del salvajismo masculino? ¿Por nosotras los hombres no piensan, son animales? Entonces, si el marido me mata, porque no quise volver con él, ¿merecí morir? Oye, no es justo. Dios del cielo, ¡está bueno de chivas expiatorias y condenas sociales!
No es suficiente con las cargas que cargamos. Con la obligación de ser lindas a costa de insoportables rutinas estéticas y cirugías que nos matan y endeudan. No es bastante con el triple esfuerzo que nos cuestan las coronas que la sociedad de vez en cuando cacarea. Insisto, ¿por qué me hiciste mujer si me censuras, intentas gobernar mi cuerpo y decidir sobre el futuro de mi vientre sin percatarte de que me violaron?
Por favor, explícame con cucharita. ¿Por qué el Vaticano prefiere niñez con hambre que un preservativo?, si sabes que encima de las enfermedades de transmisión sexual, nadie, aunque jure ser célibe, renuncia a los olores y gustito sexual.
Dios o Diosa, porque te pintan en falda, si me la ibas a poner tan difícil y la piña es tan agria, ¿por qué me obligas a usar panties? ¿por qué me hiciste mujer?
Grisbel Medina
Grisbel es periodista de Santiago, feminista.
Dios, regálame un cachito de atención en este último jueves de mayo con lluvia por un tubo y siete llaves. Dios o ¿Diosa? pues te exhiben en falda, estoy inquieta. Casi estresada como dicen las muchachas finas. La angustia me brotó en la espinillita empolvada para no espantar al marido mientras me ama.
Anda, contesta, ¿por qué me hiciste mujer? ¿por qué me obligas a usar panties? No entiendo. Si me dedicas par de días al año y orquestas una legión de aduladores a “la belleza femenina” ¿por qué me condenas a valer por mis curvas y el tamaño de mis pezones? Si eres un Dios de amor y justicia ¿por qué no condenas a quienes me retratan la nalga al lado de cervezas, llantas y lubricantes?
Me salió otra cana. Estoy desconcertada. ¿Cómo es que tres muchachos se matan en Loft y el primer titular decreta que fue por un piropo a una mujer? ¿Entonces somos culpables del salvajismo masculino? ¿Por nosotras los hombres no piensan, son animales? Entonces, si el marido me mata, porque no quise volver con él, ¿merecí morir? Oye, no es justo. Dios del cielo, ¡está bueno de chivas expiatorias y condenas sociales!
No es suficiente con las cargas que cargamos. Con la obligación de ser lindas a costa de insoportables rutinas estéticas y cirugías que nos matan y endeudan. No es bastante con el triple esfuerzo que nos cuestan las coronas que la sociedad de vez en cuando cacarea. Insisto, ¿por qué me hiciste mujer si me censuras, intentas gobernar mi cuerpo y decidir sobre el futuro de mi vientre sin percatarte de que me violaron?
Por favor, explícame con cucharita. ¿Por qué el Vaticano prefiere niñez con hambre que un preservativo?, si sabes que encima de las enfermedades de transmisión sexual, nadie, aunque jure ser célibe, renuncia a los olores y gustito sexual.
Dios o Diosa, porque te pintan en falda, si me la ibas a poner tan difícil y la piña es tan agria, ¿por qué me obligas a usar panties? ¿por qué me hiciste mujer?
Grisbel Medina
Grisbel es periodista de Santiago, feminista.
sociología del arte? BUAH,
mendigo trabajo...
Espero, ya pronto dejar el estrés laboral y esoclar, lo segundo ya se va!
esperando que Javier López sea bondadoso ajaj
bye a todas y todos los que llegan a pasar y leer ests líneas
mendigo trabajo...
Espero, ya pronto dejar el estrés laboral y esoclar, lo segundo ya se va!
esperando que Javier López sea bondadoso ajaj
bye a todas y todos los que llegan a pasar y leer ests líneas
Estar contigo y acompañarte ahí con el aire
yo no existo ahí en tus brazos
ni siquiera puedo tocar tus palabras hermosas del otro lado (del mundo?)
y es insuficiente hacer olvidar cualquier palabra y fruta que regalas porque si
y por las mañanas hermosas melodías
mientras soñaré que ya es mañana...
yo no existo ahí en tus brazos
ni siquiera puedo tocar tus palabras hermosas del otro lado (del mundo?)
y es insuficiente hacer olvidar cualquier palabra y fruta que regalas porque si
y por las mañanas hermosas melodías
mientras soñaré que ya es mañana...
Alguien diseñó los ojos y las curvas
grandes
No escriben de nosotras.
hay un maestro que no acepta los cambios en el lenguaje, no vaya a ser...
by nenuka
grandes
No escriben de nosotras.
hay un maestro que no acepta los cambios en el lenguaje, no vaya a ser...
by nenuka

México es conocido ya como la nueva Tailandia: operan 47 bandas de tratantes según las investigaciones de organizaciones no gubernamentales. La trata de personas se ha convertido en el segundo negocio más redituable después del narcotráfico, desplazando al tráfico de armas. Anualmente se registran 6 millones de víctimas de este delito en el mundo, de las cuales el 90 por ciento son mujeres y niñas. El crimen organizado se embolsa cada año 32 millones de dólares.
La Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, CATWLAC acaba de publicar un estremecedor documento sobre la trata, también conocida como la esclavitud del Siglo XXI. Los testimonios de decenas de mujeres que fueron obligadas a prostituirse son espeluznantes, pero las historias de las niñas traficadas son terroríficas e indignantes: "Me llamo Gris, tengo 10 años y soy adicta a la piedra. Nací en una comunidad muy
pobre de Veracruz, y un día, un señor me jaló y me llevó a un burdel, en Coatzacoalcos,Veracruz. Ahí, éramos como 40 niñas, entre 8 y 12 años. Llegaban señores algunos de traje, otros con overol o camisas beige y un escudito, y nos obligaban a sentarnos en sus piernas, a chuparles su pene, y nos metían su pene en nuestros genitales y en la colita. Como no queríamos, y nos dolía, nos obligaban a inhalar piedra. La dueña nos arreglaba, y cada vez que llegaba uno o varios clientes, nos despertaban, nos hacían inhalar y nos sacaban a la sala, para que los señores escogieran. Les cobraban 500 pesos a cada uno (30 euros). Teníamos que atender como a diez señores cada una. Y cuando ya no pensábamos y se nos escurría la baba, nos echaban a la calle, como basura, y traían nuevas niñas. La dueña, tenía un jefe, que nunca supe cómo se llamaba, pero que también le pegaba muy fuerte. Cuando iba le pedía el dinero y le gritaba que era una pendeja. Un día llegó la policía y nos rescató. Nos llevaron a un hotel y ahí nos estaba esperando personal de la Coalición (CATWLAC), nos ayudaron mucho. Buscaron a nuestras familias, y a muchas se las llevaron a un hospital. Nos dieron de comer, y ya luego llegaron y nos llevaron a todas a un albergue especial para que pudiéramos aguantarnos cuando necesitábamos la piedra. Muchas de mis compañeras ya no se pudieron recuperar, ni regresar con sus familias. Me acuerdo que una de mis compañeras, una que le decían la Chiquis, se metió a bañar, y pasaban y pasaban las horas, y se seguía restregando con el sacate. Y por más que le decían que ya estaba limpia que ya no se tallara, que se iba a sacar sangre, seguía tallándose con mucha fuerza, y gritaba que se quería borrar todo lo que esos viejos cochinos le habían hecho. Otras aquí seguimos, tratando de recuperar nuestra infancia, nuestros sueños. Dice la Psicóloga que tenemos que tener un proyecto de vida. Pero es bien difícil olvidar lo que nos hicieron. Ya voy a la escuela, pero me cuesta mucho que me toquen... Voy a seguir tratando de recuperar mi vida. Hoy, ya tengo 16 años y muy pocas esperanzas y sueños..."Sanjuana Martinez
La lupa violeta, programa corrector de lenguaje sexista para Word
No es que sea especialmente recomendable la utilización de programas privativos como Microsoft Word, ya que la mejor opción sin duda es la de utilizar Software Libre pero si a pesar de ello estais utilizandólo, podeis acceder a una interesante herramienta que se descarga gratuitamente ( -no como otras ;-): La Lupa Violeta.
Creada por la Agrupación de Desarrollo Los Molinos.
Enlace donde puedes descargarte la Lupa Violeta----
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